Maracas de machin

🔵Maracas de machin

😃 El manisero compositor

El Señor Coconut aplica su técnica a un repertorio aún más amplio tras el éxito de El Baile Alemán, una serie de versiones de Kraftwerk en estilos de banda grande latina. En estilos como el merengue, el guagango y el mambo cha-cha-cha, se interpretan canciones como “Smooth Operator” de Sade, “Beat It” de Michael Jackson y “Smoke on the Water” de Deep Purple; esta vez, sin embargo, Coconut (el productor nacido en Alemania y afincado en Chile, Uwe Schmidt) va más allá del muestreo de vinilos, ya que Schmidt interpreta su propia big band, reeditando los resultados en un híbrido pop posmoderno.

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Lo entrevisté muchas veces. Recuerdo haberle visitado en su acogedora casa de la calle General Mola (ahora Príncipe de Vergara) de entonces, junto al edificio de los antiguos estudios de cine Roptence. Allí descubrí cómo Antonio se desvivía por su mujer, que había perdido la voz y la mayor parte de sus movimientos a consecuencia de una trombosis. Me dijo: “Mientras yo viva seguiré trabajando para que a ella no le falte nada” Y eso me llevó al estribillo de uno de los boleros que tantas veces interpretó: “Toda una vida”

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Machín era hijo mestizo de Leoncia Machín, cubana, y José Lugo Padrón, español de padre, que emigraron de Galicia, España, a Cuba. Uno de los dieciséis hijos era Machín. Sus primeros años fueron difíciles: a los ocho años se vio obligado a trabajar para ayudar a pagar algunas deudas de su padre. Un día, estaba cantando suavemente en la calle junto a su edificio. Un sacerdote que pasaba por allí le oyó y le dijo que cantara en una fiesta inmediatamente. Cantó el Ave María de Schubert. Desde ese día, Machín estaba decidido a convertirse en cantante. El sueño de Machín era cantar ópera, pero esto era difícil para un pobre cubano de color a principios del siglo XX. Por lo tanto, se concentró en cantar canciones populares. A los veinte años se convirtió en el ídolo de las jóvenes de su barrio. A la luz de la luna, Machín les cantaba serenatas. Ejerció de albañil, y también hizo giras como cantante por toda Cuba. Se trasladó a La Habana en 1926, donde conoció a un español que le ayudó a conseguir un contrato para cantar en un pequeño café habanero.

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El bolero, las baladas románticas y la influyente música afrocubana dieron fama internacional al gran cantante cubano Antonio Machín, también llamado el Nat King Cole español. José Lugo Padrón, inmigrante de Galicia (España), y Leoncia Machín, mujer afrocubana, el noveno hijo de una familia de 16 hermanos, nacieron en Sagua la Grande (Cuba) el 17 de enero de 19031. Desde muy joven comenzó a trabajar en varios oficios para ayudar a su familia, que se encontraba en apuros económicos.
Pronto, Machín reveló un don para la música. No era extraño verle cantar en público en diferentes lugares de su ciudad natal. Hipnotizó a los feligreses de su iglesia en 1911, cuando sólo tenía 8 años, con su interpretación del “Ave María” de Franz Schubert. Se trasladó a La Habana a los 20 años, deseoso de seguir una carrera musical a pesar de la oposición de su padre. Comenzó a cantar con muchas orquestas, en medio de las dificultades iniciales, y se hizo muy popular en clubes nocturnos y teatros. Fue el primer afrocubano que cantó en el elitista Casino Nacional con la orquesta de Don Aspiazu, considerada la mejor de la isla. “Hizo sus primeras grabaciones en 1929 con Aspiazu, “Áquellos ojos verdes” y la muy popular “El Manisero”, escrita por un importante compositor cubano, Moisés Simons (1889-1945). No se sabe con certeza si Machín fue el primero en cantar “El Manisero”; algunos dicen que fue la popularísima cantante e intérprete cubana Rita Montaner (1900-58) en París. Sin embargo, se convirtió en una de las canciones emblemáticas de Machín. A lo largo de su carrera, realizó numerosas grabaciones y utilizó El Manisero en la mayoría de sus actuaciones (Manuel Román, ‘Canciones de nuestra vida: de Antonio Machín a Julio Iglesias’ en el repertorio. Madrid: 1994 Alianza, pp.28-9).

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